“Green Book”, la mejor película según los Oscar

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La historia que algunos críticos cuentan es la siguiente: La Academia hollywoodense se halla “en transición”, procurando superar su vetustez, y por eso cada año va cambiando de composición y las películas que nomina a los Oscar se hacen más heterodoxas. Este año ha ido más lejos que en cualquier otro momento anterior. La nominación más rara fue quizá la de “Roma”, película de un director consagrado, Alfonso Cuarón, pero ¡en español! La segunda en rareza probablemente fue “Pantera Negra”, que rompe la hipócrita separación de la Academia entre lo que esta hace más (que es películas lucrativas) y lo que premia. Y luego estaban nominadas dos películas políticas (“El infiltrado del KKKlan” y “Vice”), demasiado “partidistas” para ganar el principal galardón. Y dos musicales, “Nace una estrella” y “Bohemian Rapsody”, género que no merece el Oscar a la mejor película excepto cuando Warren Beatty se equivoca al leer la tarjeta. Finalmente, estaba la mejor de todas, la nominación de “La favorita”, que sin embargo también es un filme muy raro en muchos sentidos… Gran diversidad de posibilidades, por tanto, pero pocas opciones para, ya en la práctica, dar el premio. Resultado: ganó la película menos rarita o la menos imposible de premiar, aunque fuera mediocre: “Green Book”.

Otros críticos cuentan una historia diferente. Dicen que la película que alineaba su proa al horizonte era por supuesto “Roma”, que por muy hispanoparlante que fuera estaba siendo impulsada por nada menos que el soplido de Netflix, el dragón del streeming. Así que todo estaba preparado para que, luego de subir tres veces para recibir estatuillas a “mejor película extranjera”, “mejor director” y “mejor fotografía”, Cuarón volviera al escenario una vez más, esta vez la definitiva, junto a los pesos pesados de la cadena productora. Y sin embargo… Dicen que dicen que dicen que poco antes el flamígero dragón digital fue desafiado por el mismísimo San Jorge-Spielberg, con todo y su armadura de celuloide, ya que este aborrecía la idea de que ganara una película que no se había visto en salas y, además, cree que “Green Book” es la mejor buddy-movie (género de películas de amigos) de muchas décadas. Y Steven Spielberg, queridos buddies, todavía pisa fuerte en este barrio de Hollywood.

Hasta aquí, el chismerío. Desde aquí en adelante, una impresión personal sobre “Green Book”, que está (¿estaba?) exhibiéndose en nuestras salas. Creo que no merecía ganarle a “La Favorita”. Que tampoco merecía ganarle a “Roma”. Y tampoco a… Bueno, no exageremos. Quizá no merecía este o aquel premio, pero los premios, incluso éstos tan importantes, no son lo que finalmente importa. Cuenta lo que una película es, y esta es, primero, una buena película, y en segundo lugar una entrañable comedia, detalle este último que muchos críticos parecen haber olvidado, esto es, que desde Aristóteles para acá las historias pueden ser tragedias o comedias, y las primeras son elevadas y graves, y las segundas enternecedoras y divertidas. Y “Green Book” es enternecedora y divertida en grado sobresaliente. Es, entonces, una sobresaliente comedia.

¿Debe esta categoría de los Oscar “goes to” comedias? Esta ya es otra cuestión, que no voy a tocar por irrelevante y bizantina. En todo caso, a lo que me opongo es a criticar a “Green Book” por la falta de realismo o profundidad de su contenido, el cual se considera ingenuo o escapista. Sí, es verdad, es ingenuo y escapista, y con eso qué. Todos necesitamos de comedias, sin ellas estaríamos jodidos e incompletos.

“Green Book” cuenta la historia de la amistad de Don Shirley y Tony Vellelonga, dos personas tan distintas como el lector pueda imaginarse. Shirley es un delicado y cultivado músico negro. Tony es un italoamericano plebeyo, medio bruto, con un falso sentimiento de dignidad, pero también, para decirlo con expresión antigua, un “buen hombre”. El primero contrata al segundo como chofer y guardaespaldas durante una gira por el “sur profundo”, donde tocará el piano para las racistas élites locales, y donde, claro está, espera encontrar problemas que podrían requerir las habilidades de Tony para repartir sopapos.

En líneas generales, el filme es previsible y repite a muchos otros “plots” previos. El arte está en otra parte: en la definición y el desarrollo de los personajes, soberbiamente interpretados por Mahershala Alí (Shirley) y Viggo Mortensen (Vellelonga). No me cabe duda de que esta película no hubiera sido posible sin actores tan buenos como estos. El primero ganó por segunda vez el Oscar a mejor actor de reparto. Mortensen, a quien conocimos primero por su papel más bien adusto en “El señor de los anillos”, es un fino artista que ya ha sido nominado tres veces para el Oscar, entre otros premios. En esta ocasión perdió ante el también extraordinario Rami Malek, el Freddy Mercury de “Bohemian Rapsody”.

Tengo cierta debilidad personal por las “road movies” (género cinematográfico de viajes en autos), por las películas de personajes, por las comedias, por las tramas tiernas, divertidas y de sufrimiento moderado. No me gustan tanto como los thrillers, pero me gustan mucho. Con decirles que, para mí, la mejor película boliviana es “Mi socio” y no “La Nación clandestina”…  Uf, ya lo dije, soy un ñoño. Sé que existen muchos otros como yo. Dejemos a los duros del mundo reírse del nuevo Oscar a la Mejor Película. Nosotros podemos lagrimear con “Green Book”.

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Fernando Molina
Fernando Molina. Periodista y escritor boliviano. En 2012, ganó el premio Rey de España de periodismo iberoamericano. Es colaborador de varias publicaciones bolivianas e internacionales, entre ellas El País de España. Fue director de los semanarios Nueva Economía y Pulso, y subdirector del diario La Prensa. Ha publicado numerosos artículos en medios escritos y digitales de su país y de Santiago de Chile, Madrid y México. Autor de libros de ensayos, biografías, historia intelectual y contemporánea, es uno de los escritores más prolíficos y reconocidos de Bolivia.
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