STRANGER THINGS TERCERA TEMPORADA

2
667
views

Razones para el culto a los ochenta

Hace tres o cuatro semanas se estrenó la tercera temporada de Stranger Things, la serie más importante producida por Netflix; la que ha tenido mayor impacto y la que de alguna manera simboliza el crecimiento de esta plataforma. Una importancia similar, salvando las distancias, al Game of Thrones (2011-2019) de HBO en los últimos años.

MENOS DISCUSION, MAS ENTRETENIMIENTO

Stranger Things pertenece a esa gama de productos que a fuerza de rememorar los años ochenta, ha intentado, con éxito en este caso, enganchar tanto al público de los adultos como el de los adolescentes: Un ejemplo reciente de esta fuerte tendencia se dio con el largometraje Ready Player One (2017), de Steven Spielberg. Pero la nostalgia ochentera no solo abarca innumerables referencias y recreaciones cinematográficas y televisivas, sino que también se reproduce en terrenos como la música, la moda, etc.

¿Qué es lo que hace que dicha década se haya convertido en un objeto de culto, suplantando el rol que durante un largo período jugaron los famosos “sesenta”?, se trata de un fenómeno generacional, o más bien político?. Personalmente me inclino por la última opción.

Los ochenta fueron una década profundamente conservadora, fueron el momento histórico en el que el neoliberalismo se impuso al marxismo y a la izquierda en general como el eje ideológico del conjunto de la sociedad. Ronald Reagan tomó el manejo político de Estados Unidos y en basé a su política de “golpea primero y dialoga después” impulsó lo que pocos años antes parecía imposible: la disolución de la Unión Soviética (agotada desde muchos años atrás por sus contradicciones internas). Tuvo además como aliada fundamental a Margareth Tatcher, como brazo operativo a Juan Pablo II y como referente ideológico a Milton Friedman, el nobel que teorizó sobre las bondades del (neo) liberalismo como remedio milagroso para los males de la humanidad.

El mismo Spielberg en alguna entrevista realizada a propósito del estreno de Ready Player One, justifica la fascinación por los ochenta, diciendo que fue una década “libre de stress”, es decir libre de discusión y volcada al consumo. Los cuestionamientos que marcaron los sesenta, la década más “izquierdista” después de la segunda guerra mundial, tales como la insurgencia del tercer mundo en la lucha anticolonialista (Vietnam, el Che, Argelia, etc.) o el cuestionamiento al modo de vida occidental, encarnado en el movimiento hippie, pasaron a un plano secundario o terciario en esa nueva etapa.

En los ochenta el conjunto mayoritario asumió que “la historia”, es decir la lucha política e ideológica había acabado, que la codicia y la búsqueda de ganancia son tan naturales a los seres humanos como el comer y el respirar y que esa dinámica de manera natural iba a acabar con todos nuestros problemas. Hoy nos encontramos a tres décadas del fenómeno y realmente parece que el cambio climático, la pobreza, la inestabilidad política internacional  acabarán con todos nuestros problemas, aunque lamentablemente también con todo lo demás.

En todo caso los ochenta fueron propicios para el surgimiento de un entretenimiento sin cuestionamientos, simple, del que películas como ET (1982) o Los Gonnies (1985), de las que Spielberg fue director y productor respectivamente, fueron algunas de las mayores expresiones. Los Goonies precisamente, sirve como modelo para Stranger Things

MENOS MISTERIO MAS COMEDIA

En sus dos primeras temporadas la serie se caracterizó por presentar una combinación equilibrada de comedia y suspenso. En la tercera, la formula se ha decantado en gran medida por el primer elemento.

Gran parte del atractivo de la primera temporada (2016) era el de ir descubriendo poco a poco los dos misterios, motores de la serie: las características de la “otra” dimensión y el origen de la misteriosa niña “Once”. De esa manera el suspenso se combinaba con las vicisitudes del grupo de niños y acompañantes adolescentes y adultos, sumidos en sus propias inquietudes y conflictos internos.

En la tercera temporada los enigmas centrales de la serie han sido aclarados, por lo que dinámica se centra sobre todo en la acción y las situaciones de comedia que se generan alrededor de ella. Sabemos de dónde vienen y en qué consisten los poderes de Once, por lo que lo único que hace el personaje es ejercerlos, y sabemos también cuáles son los peligros de la “otra” dimensión, por lo que lo único que esperamos de los protagonistas es que los enfrenten. Inclusive el “villano”, el monstruo principal de la serie ya ha sido develado; se trata de una adaptación algo edulcorada del de El Enigma de Otro Mundo (1982) el clásico de ciencia ficción de John Carpenter, con lo que la cinta refirma su vocación “ochentista”.

Al igual que las claves del misterio, los conflictos básicos del grupo de personajes también han sido resueltos (las relaciones sentimentales de Mike y Once, y de Nancy y Charlie), por lo que gran parte de la carga narrativa se centra en la acción, la que a veces adquiere tintes caricaturescos (el caso de la interpretación a capela del tema de la “Historia Sin Fin” en un momento clave del suspenso).

La fórmula básica del grupo de personajes disperso que persigue el mismo fin, y que se va acercando a medida que la historia avanza, funciona.  La tercera temporada de la serie (salvo en sus dos primeros episodios que tardan demasiado en arrancar), es llevadera, aunque no llegue a las alturas de las dos anteriores.

La pregunta en todo caso, es como hará la propuesta para seguirse reinventando (la nueva temporada está anunciada implícitamente en las imágenes finales), un problema que parece afectar a gran parte de las series televisivas que acompañaron el surgimiento de las plataformas de streaming,  que narrativamente se han ido agotando y que están obligadas a persistir por la presión del éxito comercial alcanzado.

Artículo anteriorCuando los hombres quedan solos
Artículo siguienteDos películas con problemas de guion. Apuntes críticos sobre Cuando los hombres quedan solos y Tolkien
Rodrigo Ayala Bluske
Rodrigo Ayala Bluske es cineasta y ensayista. De 1985 a la fecha ha colaborado en diversos medios de prensa como crítico de cine y columnista. Ha realizado más de una treintena de trabajos entre cortometrajes, seriales de televisión y largometrajes. Entre los principales se encuentran “Fuego Cruzado” (1995) serie de televisión y los largometrajes “Día de Boda” (2008), “Historias de Vino, Singani y Alcoba” (2009), “La Huerta” (2012) y “Tarija, Valle Central” (2012). Ha publicado ensayos e investigaciones sobre gobernabilidad, política y recursos naturales, entre los que se encuentran “Personajes Increíbles vistos por un Clasemediero en Crisis” (2005), “La Construcción del Nuevo Paisaje Político Tarijeño” (2011) en “Cuadernos de Futuro” (PNUD) y “Tarija: Escenario de las tres Batallas” (2012). Actualmente es director de Protección del Medio Ambiente Tarija.
Compartir

2 Comentarios

  1. Una lectura muy superficial, no describes ni siquiera los artefactos que generan el sistema de relaciones entre los personajes y que en cada temporada se renuevan, desde los mecanismos de flujo de información y juego de rol en la primera temporada hasta la sexualizacion tanto de los adolescentes como del monstruo en la tercera… Pasando por el tema y variaciones del recurso sacrificable del pajarito nuevo de la segunda temporada. .

    Hablas de los ochenta con interpretaciones ideológicas y no como un espacio de representación o una estética y una sensibilidad, en fin, una textura…. Como si el hombre habitara en un mundo de ideas sin ninguna base material o sensible… Por esas dos razones te salen las películas como te salen…

Deja un comentario