“La bella y la bestia”

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En los años 90, ayudada por los avances tecnológicos que comenzaban a darse en la animación, la casa clásica del cine infantil, Disney, produjo una oleada de películas sobre los cuentos de hadas que aún no había tratado. Una de ellas fue “La bella y la bestia”, una historia que se remonta al renacimiento italiano (y por tanto, en última instancia, a la antigüedad clásica), pero que se afianzó en Francia en el siglo XVIII con la novela de Gabrielle-Sussane de Villaneuve, y sobre todo con la “versión para niños” preparada por Jeanne-Marie Beaumont.

Esta versión, que libraba la novela de Villanueve de su crítica a los matrimonios por conveniencia, de sus alusiones sexuales (por ejemplo, la transformación de la bestia en hombre durante la noche de bodas), fue la expresión referencial hasta que Disney entró en escena y convirtió su propuesta, machista como su directa predecesora, pero aún más inofensiva para la institución familiar, en la versión que hoy conoce todo el mundo.

Tanto que la película con actores de carne y hueso que este estudio acaba de presentar no es más que la repetición, con muy pocas diferencias, del anterior filme de animación. Primero los dibujos imitaron a los seres humanos y ahora los seres humanos imitan a los dibujos. Para quienes fuimos padres o para quienes fueron niños en los años 90, y por tanto vimos el “original”, esta versión no tiene mucho más que ofrecernos excepto la elegante presencia de Emma Watson, como Bella, frente a las cámaras, y la interpretación de los papeles secundarios por lumbreras de la actuación, de cuyas voces, sin embargo, desgraciadamente, los bolivianos no podemos disfrutar, ya que estamos obligados a ver la película doblada. Debe remarcarse en especial el trabajo de Josh Gad, como Le Fou, el personaje homosexual que le trajo algunos problemas al filme en algunos países bárbaros.

No hay mucho más que decir: un gran espectáculo de decorados, disfraces, bailes, lucha entre el bien y el mal, romance casto, que por supuesto no juega con los atavismos sexuales a los que hace referencia la pareja mujer-bestia que está presente en todas las mitologías, entre ellas la andina, en el cuento del oso jukumari. Mito adecentado y comercial, entonces, pero aun así mito, y mito que rompe las taquillas. Nadie se extrañe: no se puede vivir sin ellos.

 

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Fernando Molina
Fernando Molina. Periodista y escritor boliviano. En 2012, ganó el premio Rey de España de periodismo iberoamericano. Es colaborador de varias publicaciones bolivianas e internacionales, entre ellas El País de España. Fue director de los semanarios Nueva Economía y Pulso, y subdirector del diario La Prensa. Ha publicado numerosos artículos en medios escritos y digitales de su país y de Santiago de Chile, Madrid y México. Autor de libros de ensayos, biografías, historia intelectual y contemporánea, es uno de los escritores más prolíficos y reconocidos de Bolivia.
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1 Comentario

  1. Terrible película, les recomiendo fehacientemente: la bella y la bestia 2014 (Francia) con Léa Seydoux y Vincent Cassel y la bella y la bestia de animación de 1991.

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