Confieso que me gusta el género policial. A veces, entro en “temporada” y leo una novela negra tras otra, lo que me ha llevado a tragar bastante basura. Otras veces reservo la lectura para temas más elevados y, en cambio, acabo mi jornada buscando series criminales en las cadenas de streaming a las que estoy suscrito. Ya he comentado en este sitio algunas de ellas.

Una de las referencias que tiene cualquier fan de los misterios es, por supuesto, el Scandi Noir, es decir, el subgénero nórdico, lleno de oscuridad, climas inhóspitos y paisajes heladamente bellos (así como sótanos en los que se secuestran, violan y asesinan personas). De modo que, por supuesto, me topé con la serie de HBO Max “Aquellos que matan”, también conocida –si alguien quiere buscarla en Internet– como “Oscuridad: Aquellos que matan”. La inclusión de este primer y ominoso sustantivo se justifica por la complicada historia de esta producción, que referiré brevemente.

Todo comenzó con una serie danesa sobre una unidad especial de la policía dedicada a la captura de asesinos en serie (un elemento ineludible del género). Fue creada por la escritora Elsebeth Egholm, autora de best-sellers criminales, y se proyectó  en 2011, con moderado éxito. De modo que la productora danesa decidió hacer un relanzamiento en 2019-2021 para darle una nueva oportunidad a los personajes de Egholm, aunque corrigiendo aquello que –en su opinión– había fallado. Esto es, volviendo el producto aún más negro; así fue cómo se le añadió “Oscuridad”. La nueva serie tendría dos temporadas (por lo menos así ha sido hasta ahora) y recibiría mejor atención de público y crítica. Posteriormente, aparecería una versión hecha en Estados Unidos (adaptar a los europeos es una sostenible sub-industria estadounidense), que tampoco lograría impactar.

Estas tres versiones son distintas entre sí, pero tienen como denominador común la colaboración entre un detective (una detective, en algunos casos) y una psicóloga criminal (o un psiquiatra), que logran concatenar –y, por tanto, revelar– crímenes pretéritos y otros que suceden en la actualidad.

En “Oscuridad: Aquellos que matan” el detective es un hierático pero muy buen mozo policía a punto de divorciarse (Jan Michelsen) y la psicóloga es la bella Natalie Madueño, que podemos considerar la actriz protagónica, ya que, a diferencia de Michelsen, se mantiene en la segunda temporada. En la primera, ambos forman la típica pareja investigadora audaz y de talentos inusitados, que no resulta muy bien comprendida por los superiores, aunque esta tensión no sea la más importante, sino la que se siente entre ellos (tensión sexual) y la que, para cada uno, se da entre el trabajo y la vida personal.

Las ideas de los guionistas acerca de los crímenes (chicas secuestradas, violadas y asesinadas), la relación entre pasado y presente, y acerca de la lógica investigativa, no son ni originales ni brillantes (excepto por la inclusión de un intrigante cómplice del asesino), así que toda la fuerza de la narración recae en la temprana revelación de este, cuyas brutalidades y horrores la serie sigue con lujo de detalles a partir de ese momento. ¿Había que aumentar la violencia y la obscenidad para dar al público lo que se supone que espera del Scandi Noir? Pues, ahí esta: “Oscuridad”, etc.

No es esta, entonces, una serie para almas asustadizas. Además de en esta sordidez, su intriga reside en la consabida pregunta: ¿pondrán esta vez los detectives salvar a la chica mientras aun está viva?

A diferencia de los mejores productos del subgénero policial nórdico, esta serie carece de alusiones al contexto social. Se concentra en los laberínticos viajes que la violencia –especialmente la sufrida a temprana edad– manda a hacer a la mente. A ratos

parece que saldrá algo interesante al respecto, pero la cosa se queda en agua de borrajas. Se puede concluir que la psicóloga criminalista sabe de estos asuntos tanto como cualquiera de nosotros.

About Author

Fernando Molina

Fernando Molina. Periodista y escritor boliviano. En 2012, ganó el premio Rey de España de periodismo iberoamericano. Es colaborador de varias publicaciones bolivianas e internacionales, entre ellas El País de España. Fue director de los semanarios Nueva Economía y Pulso, y subdirector del diario La Prensa. Ha publicado numerosos artículos en medios escritos y digitales de su país y de Santiago de Chile, Madrid y México. Autor de libros de ensayos, biografías, historia intelectual y contemporánea, es uno de los escritores más prolíficos y reconocidos de Bolivia.

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