El capítulo central del libro que estamos reseñando, “Historia del Cine Boliviano 1897-2017” (Plural), está escrito por el coordinador de esta obra colectiva, Carlos Mesa, y trata del principal cineasta boliviano, Jorge Sanjinés. Desde sus célebres cortos “Revolución” (1963) y “Aiza” (1964) hasta su película más importante, “La nación clandestina” (1989) pasando por “Ukamau” (1966), “Yawar Mallku” (1969), “El coraje del pueblo” (1971), “El enemigo principal” (1974), “Fuera de aquí” (1981) y “Las banderas del amanecer” (1983). La revisión deja fuera, aunque tomándolas en cuenta incidentalmente, las películas de Sanjinés que son posteriores a “La nación clandestina” y que suelen considerarse como menores o como una expresión, diría Mesa, de los límites estructurales de un cine que se había propuesto ser pedagógico y político antes que estético y narrativo.
La prosa de Mesa es desordenada e incorrecta, pero también eficaz, así que estas páginas, como la mayoría de las suyas, tienen fuerza y logran interesar rápidamente al lector. El autor establece una división de la obra sajineana en tres etapas principales (cuatro si tomamos en cuenta las películas finales que no son consideradas): la etapa inicial, en la que Sanjinés explora las posibilidades expresivas de su arte y está más interesado en contar historias que en la ideología. Esta fase va de “Revolución” a “Yawar Mallku”, es decir, transcurre en los años 60 del siglo pasado. La siguiente etapa se extiende sobre las dos décadas posteriores, en las cuales Sanjinés hace un “cine programático”, es decir pretende seguir unos lineamientos externos al oficio cinematográfico mismo, dictados por una concepción del mundo y por determinados objetivos políticos. Uno de estos lineamientos preconiza la erradicación de los primeros planos, de los actores profesionales, del individualismo del montaje, de los libretos minuciosos, porque se supone qué hay una analogía entre estos recursos técnicos y el capitalismo. En cambio, la participación de los retratados en sus retratos, el colectivismo, la espontaneidad, la crítica y autocrítica de los creadores y las obras de arte, etc. se relacionan con los valores anticapitalistas o, al menos, antimodernos.
La “bisagra” entre la etapa inicial y esta segunda es, según Mesa, “El coraje del pueblo”, que pretende asemejarse al documental político, como ocurriría también con “El enemigo principal”, “Fuera de aquí” y “Las banderas del amanecer”, pero que, a diferencia de estas últimas películas, mantiene cierta espontaneidad narrativa. Mesa rescata la fuerza del “Coraje”, que a su juicio se pierde en los demás filmes de esta etapa, ahogados por el doctrinarismo del cineasta boliviano.
En los años 70 Sanjinés publica “Teoría y práctica de un cine junto al pueblo”, libro que hace explícitos los principios que inspiraban su trabajo fílmico. Según estos, las películas podían ser bellas, pero sobre todo debían ser capaces de transformar la realidad, esto es, ser útiles como documentos históricos, análisis políticos y llamados a la lucha militante.
Sanjinés procuró seguir haciendo este tipo de cine en un tiempo en que ya no era posible seguir filmándolo en el país, que desde comienzos de la década había caído en manos del dictador Banzer. Lo haría entonces en Perú (“El enemigo principal”) y Ecuador (“Fuera de aquí“). Y lo haría, como está dicho, a costa de sus dotes como creador individual, para producir ejemplares tardíos del “realismo socialista”.
Sanjinés acompañó así la radicalización de las clases medias latinoamericanas y bolivianas de fines de los 60 y los 70. El fracaso de este impulso, en el cual puede inscribirse el fracaso artístico de “El enemigo” y “Fuera de aquí”, y el nuevo clima político democrático de los años 80, lo llevaron a retornar a un cine más intuitivo y más narrativo, a establecer un puente entre su nueva película y sus grandes logros de los 60. Ese puente y ese retorno parcial se llamaron “La nación clandestina”, que se convirtió rápidamente en una de las mejores películas bolivianas de la historia.
No vamos a entrar con detalle en el análisis que hace Mesa de este filme. Podría decirse que repite el “sentido común” de la crítica nacional sobre la gran obra de Sanjinés. La busca de la identidad, el “blanqueamiento” como alineación y el “retorno a la raíz” como salvación. La descalificación de la metáfora del universitario “vanguardista” corriendo por el altiplano en busca de indios que acaudillar para la revolución. La paralela admiración por la metáfora antropológica del hombre que, para retornar a su comunidad, “danza (practica la tradición) hasta morir”. La lectura de Mesa reproduce sintéticamente el conocimiento establecido sobre la película y, en esa medida, constituye un aporte de carácter divulgativo.
Lo mismo puede decirse del capítulo en su conjunto y, si me apuran, del libro como tal. Siempre he visto a Mesa como el mejor o uno de los mejores divulgadores nacionales. Y me parece un muy honroso título. El problema es que él se ve a sí mismo de otra forma y entonces es que surgen los problemas. Pero dejémoslo aquí. Quedémonos con esto: Si alguien quiere una introducción al cine de Sanjinés, el texto de Mesa es excelente para este propósito.
Fernando Molina
Sobre el autor

Fernando Molina

Fernando Molina. Periodista y escritor boliviano. En 2012, ganó el premio Rey de España de periodismo iberoamericano. Es colaborador de varias publicaciones bolivianas e internacionales, entre ellas El País de España. Fue director de los semanarios Nueva Economía y Pulso, y subdirector del diario La Prensa. Ha publicado numerosos artículos en medios escritos y digitales de su país y de Santiago de Chile, Madrid y México. Autor de libros de ensayos, biografías, historia intelectual y contemporánea, es uno de los escritores más prolíficos y reconocidos de Bolivia.

1 Comment

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    Hermano Molina:
    Aquí está lo que me pidió. La estrategia que usamos en la época del inicio del golpe de Estado. Asesorados por nuestros hermanos soviéticos, pudimos llevar a cabo el sacrificio necesario para que hoy estemos de nuevo en el poder:
    «But it seems that most Bolivian citizens who fought on the Masista side were drawn into the conflict by the experience of violence, the shelling of cities that resulted from MAS’s choice to fight a partisan war.

    Facing defeat by the Pititas army, Quintana made the move that Putin had recommended: he turned the local population into human shields. He withdrew his men to Senkata and Sacaba, and other MAS commanders did the same. This guaranteed, as Quintana noted, that civilians would become the main victims of the war. The local side fought Masistas and their local allies by shelling cities, while the Masistas did the same. In the terminology of partisan war, this was the shift from “positive” to “negative” mobilization: if no one wants to fight for the partisan cause as such (positive motivation), then a partisan commander creates conditions in which the enemy kills civilians (negative motivation). This was Quintana’s chosen tactic, as he himself said (by alluding to Vietnam). One of his interviewers correctly described Quintana as a man who would willingly sacrifice the lives of women and children to advance a military goal. Destroying cities to win recruits was indeed Quintana’s signal achievement».
    ¡Un gran abrazo!
    Le recomiendo que su esposa sea candidata de concejal en las municipales; siempre hay que poner en evidencia la sumisión al Partido y a su líder histórico,

    Raúl «sin dientes y eterno peinado hongo» García Linera

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