BLACK MIRROR (Tercera Temporada) La Tecnología Perversa

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Se sabe que la ciencia ficción es un instrumento mediante el cual los artistas, pueden intuir el futuro, usando su sensibilidad para recoger las tendencias que de manera sutil se mueven en el presente. A veces las “anticipaciones” tienen un carácter abstracto; por ejemplo, se dice que el film “El Gabinete del Doctor Caligari” (1920) de Robert Wiene, en el que el director de un manicomio terminaba siendo un criminal demente, en realidad anticipaba el advenimiento de Hitler y el nazismo en la Alemania de entre guerras. Sin embargo en otras ocasiones, el género ha dado lugar a premoniciones mucho más precisas. Es el caso de las realizadas por Julio Verne, que llego a predecir con harta premura, ciertas características de los viajes espaciales, o de la exploración submarina.

Black Mirror, la serie de televisión creada por Charlie Brooker se encuentra en un punto intermedio; más que grandes anticipaciones, lo que hace es fijar la mirada en ciertos rasgos de la revolución tecnológica que estamos viviendo y explorar la forma en que pueden desarrollarse. Pero por eso mismo es un producto antológico, casi imprescindible para entender desde la pantalla chica el momento en que nos encontramos, y por eso que es tan completo, ya que no trata solamente de la tecnología a secas, sino de la forma en que esta se conecta e influye en todas nuestras contradicciones, sociales, psicológicas o existenciales.

Es una serie de producción difícil, ya que cada capítulo es tiene una estructura independiente. En sus dos primeras temporadas (2011 y 2013) Brooker trabajó para Endemol, una de las productoras televisivas más grandes del medio; en esta tercera temporada (2016), lo ha hecho para Netflix, lo que probablemente le ha dado más libertad creativa.

Si corriéramos el riesgo de enumerar de más a menos los seis capítulos de este año, no tendríamos la menor duda en mencionar primero a Caída en Picado. En un futuro demasiado cercano (casi, casi, el presente, salvo algunos detalles), las redes sociales han evolucionado a una suerte de cruce entre Facebook e Instagram, que funciona a través de un dispositivo ocular (un avance emparentado con los lentes “virtuales” en los que ya están trabajando Facebook y Google). Merced a ese dispositivo todas las acciones sociales de los seres humanos (saludos en la calle, fiestas, trabajo, etc.) son inmediatamente calificadas por sus pares. Un porcentaje alto un 4,8 o un 5,0 asegura mejores posibilidades de trabajo, mejor relacionamiento social y en definitiva mejor reconocimiento; pero por el contrario, un porcentaje malo es sinónimo de aislamiento y pobreza.

Caída Libre es magistral en su concepción, porque pone al desnudo las tendencias segregacionistas de las redes sociales, así como la superficialidad con la que incitan a juzgar al conjunto de los seres humanos. ¿Acaso la forma en que se usa Facebook, no implica en los hechos una fuerte tendencia a la segregación?, el viaje que he realizado, el restaurante en que he comido, la ropa que uso, la gente con que me relaciono, relata en los hechos una “distinción” respecto a los otros y por tanto la creación permanente de tribus sociales, que en la mayor parte de los casos están articuladas por la cantidad de dinero con la que ejerzo el consumo. De esa forma el internet que en principio debería ser un instrumento de liberación (mayor acceso al conocimiento, salto de las barreras geográficas y sociales, etc.), por obra y gracia de las redes sociales se convierte una herramienta discriminación directa e indirecta.

Odio Nacional, otro de los mejores ejemplos de la temporada, también toca a las redes sociales, aunque en este caso en conexión con otros tipos de tecnología. En Odio Nacional, podemos observar la forma superficial y en muchos casos dañina en que se forma la opinión en internet. No nos referimos solamente al bulling, sino a la difusión de noticias y la emisión  de criterios. Es un universo donde cada vez con mayor frecuencia la discusión profunda queda aislada (y probablemente es hostilizada), mientras las “tendencias” de la mayoría se imponen y recaen frecuentemente en él abuso. Odio Nacional hace hincapié en el daño que pueden causar las redes sociales y la falta de responsabilidad de quienes promueven dichas acciones.

San Junipero, es un capitulo inusual en la línea de Black Mirror, pero no por ello menos virtuoso. En este caso la serie nos confronta con uno de los temas fundamentales de la existencia: la inmortalidad, lograda a través del traslado de los cerebros humanos a un universo virtual, donde la vida no solo puede ser eterna, sino también perfecta, ya que no existen las enfermedades, defectos físicos, la lucha por las subsistencia, etc. Sin embargo a la vez que este espacio posibilita la concreción de una historia de amor, alberga también a miles de seres hundidos en vidas vacías y sin sentido.

El Arte de Matar, es otro capítulo que más que anticipar el futuro, parece reflejar la actualidad con solo unas pocas diferencias de matiz. Unos soldados han sido “adaptados” tecnológicamente para poder asesinar a sus enemigos sin sentir remordimientos. En vez de ver a estos como seres humanos, lo hacen como si fueran zombis mutantes agresivos. Y el detalle es que sus enemigos no son soldados de otro ejército, sino más bien refugiados, mujeres, niños,  muertos de hambre, que quieren migrar a los centros “civilizados”. Algunos podrán pensar que esta es una fantasía, pero, ¿acaso no está ocurriendo un fenómeno similar ahora, con el uso de drones, merced al cual “soldados” situados a miles de kilómetros de distancia matan a enemigos (en muchos casos civiles) visualizados solo como puntos rojos?, ¿y acaso los migrantes de todos los rincones del mundo no son permanentemente perseguidos y criminalizados casi sin excepción?. El Arte de Matar, nos descubre ese “milagro” de la globalización capitalista, que por estar inmerso en la cotidianeidad, pasa inadvertido: nos  hemos vuelto insensibles frente al sufrimiento ajeno. En la escala de valores de la sociedad moderna, los millones de muertos de hambre tienen menos valor noticioso que el que X empresa haya subido unos cuantos puntos en la bolsa.

Finalmente Cállate y Baila y Playtest, episodios menores de la serie, se introducen en otros aspectos oscuros del universo virtual. En el primer caso la potencialidad de la tecnología para espiar en nuestros rincones más íntimos y en el segundo, la introducción de la “virtualidad”, vía videojuegos, en nuestra mecánica cerebral.

La lección global de Black Mirror, se centra en la idea de que la tecnología por sí misma es incapaz de solucionar los problemas centrales de los seres humanos, que no es más que una herramienta, pero que por ser compleja y avanzada, puede agravar los efectos de dichas contradicciones. La pregunta clave en este sentido podría ser, ¿la sociedad es perversa?, y si miramos fenómenos como el de la pobreza, la discriminación, la violencia cotidiana, etc.,  la respuesta seguramente será positiva. Lo que nos dice Black Mirror entonces, es que gracias a las nuevas tecnologías, esa perversidad tiende a adquirir dosis inusitadas de crueldad.

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Rodrigo Ayala Bluske
Rodrigo Ayala Bluske es cineasta y ensayista. De 1985 a la fecha ha colaborado en diversos medios de prensa como crítico de cine y columnista. Ha realizado más de una treintena de trabajos entre cortometrajes, seriales de televisión y largometrajes. Entre los principales se encuentran “Fuego Cruzado” (1995) serie de televisión y los largometrajes “Día de Boda” (2008), “Historias de Vino, Singani y Alcoba” (2009), “La Huerta” (2012) y “Tarija, Valle Central” (2012). Ha publicado ensayos e investigaciones sobre gobernabilidad, política y recursos naturales, entre los que se encuentran “Personajes Increíbles vistos por un Clasemediero en Crisis” (2005), “La Construcción del Nuevo Paisaje Político Tarijeño” (2011) en “Cuadernos de Futuro” (PNUD) y “Tarija: Escenario de las tres Batallas” (2012). Actualmente es director de Protección del Medio Ambiente Tarija.
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