Últimamente comienzo cada uno de estos comentarios con una confesión. La que hago ahora es algo frívola. Acabo de sumar una plataforma de streaming a mi televisión. Se trata de Amazon Prime. Como todo primerizo, me puse a hurgar y revolver un poco, y me encontré con una miniserie vieja, que quizá muchos de ustedes ya hayan visto hace tiempo, pero que igual me apetece comentar. Lo bueno del streaming, o incluso lo que lo define, es su relativa independencia de la temporalidad. Lo que uno se perdió en su momento (en mi caso por falta de plata), puede seguir todavía flotando por ahí.
Por supuesto, no busco que aquellos de ustedes no hayan visto esta miniserie también se suscriban a la compañía mencionada. Como saben, es muy fácil conseguir versiones piratas, si se las piden a su club de video favorito.
Bueno, y hasta ahora no les he dicho de qué miniserie hablo… “Night Manager” es una adaptación de 2016 de una novela de 1993 de John le Carrè, el exagente británico que se convirtió en un famoso escritor de novelas de espionaje. Cuenta con tres interpretaciones estelares. El protagonista (Pine) es Tom Hiddleston, muy conocido por su papel como Loki en las películas de superhéroes de Marvel. El villano (Roper) es Hugh Laurie, el archifamoso intérprete del Dr. House. Y Burr, la jefa de la operación de inteligencia que debe realizar Pine en contra de Roper, es Olivia Colman, ganadora del Golden Globe por esta serie y del Óscar por su rol en “La favorita” (2018). Solamente la presencia de estos atractivos actores (que además no son los únicos actores atractivos de la miniserie), y su excelente trabajo, ya constituye un motivo sólido para ver “Night Manager”.
La adaptación de la novela homónima de Le Carrè va muy bien y es muy eficiente hasta flaquear en el desenlace, que resulta algo decepcionante por su simplicidad. La novela no cae en tal facilísimo. Este escritor es conocido por obras como “El espía que viene del frío”, “El topo”, “El sastre de Panamá”, “El jardinero fiel”, que también han merecido excelentes adaptaciones audiovisuales.
Pine es el “night manager”, es decir, el conserje de un hotel en el Cairo. Trabaja con gran elegancia y eficiencia, pese a sus importantes antecedentes militares. Ante su atractivo se rinde la amante del dueño del hotel, que es un egipcio relacionado con el temible Roper, traficante de armas. La chica está en aprietos morales; confía en la nacionalidad de Pine y le entrega a este unos documentos que inculpan a Rope (toda la serie está plagada de documentos comprometedores para Roper) a fin de que los haga llegar a la embajada británica en su país. El tráfico que ha planeado el europeo despierta sus escrúpulos patrióticos. Además, su amante es un asco de tipo. Pine, rápidamente seducido por la belleza de la egipcia, entrega los documentos, sin saber que la inteligencia británica estaba conchabada con el contrabandista (este puede que fuera un cabrón pero era “su” cabrón, y además les pasaba unos cuantos milloncitos). Lo cierto es que pronto —aunque no tan pronto como para impedir que los dos conjurados durmieran juntos— la chica egipcia termina asesinada. Pine sabe que quien ordenó el crimen fue Roper y considera que en parte este ocurrió por su culpa o al menos por culpa de su país.
Abandona Egipto y continúa su profesión de la nocturnidad de Suiza, en un hotel alpino a donde un buen día llega Roper y su comitiva, dentro de la cual se cuenta la bella Jed (la australiana Elizabeth Debicki), amante del villano. Movido por el rencor, Pine lo espía y, para pasar los datos que recoge, se comunica con la única persona de la inteligencia británica que había querido ayudarlo en el affaire cariota, Burns.
Esta lo enrola dentro de una operación de inteligencia para investigar y capturar a Roper, con el encargo de infiltrarse en la organización de este. La forma en que lo hace es muy entretenida; también la tensión sexual y política que el bien parecido Hiddleston genera en la corte del villano, quien parece bastante enamorado de Jed. Y no es el único.
Pine tiene éxito en su operación encubierta, pero debe trabajar desde el vientre de la ballena teniendo como contrapartida una agencia pinchada por todas partes, lo que aporta un suspenso continuo sobre lo que le puede pasar. Al mismo tiempo cuenta con el apoyo de Burns, una espía de la clase trabajadora, embarazada, enamorada de alguien que no es su marido, en fin, un personaje tan interesante como el compuesto por Laurie con ese su arte para ser desagradable y encantador al mismo tiempo, muy explotado en la serie “Dr. House”. Laurie también fue nominado a varios premios por este papel.
Bueno, hasta aquí llego. Este es un mensaje en la botella para algún otro tan despistado como yo que no haya visto todavía la serie. Vale la pena, por todo lo señalado, y pese al flaco desenlace. Un mejor fin y habría sido como para tirar cohetes. Tiene además otra virtud —voy a hablar ahora como lo hacen los aparatos de relaciones públicas de las plataformas—: es breve y, por tanto, “ideal para un maratón de fin de semana”.

About Author

Fernando Molina

Fernando Molina. Periodista y escritor boliviano. En 2012, ganó el premio Rey de España de periodismo iberoamericano. Es colaborador de varias publicaciones bolivianas e internacionales, entre ellas El País de España. Fue director de los semanarios Nueva Economía y Pulso, y subdirector del diario La Prensa. Ha publicado numerosos artículos en medios escritos y digitales de su país y de Santiago de Chile, Madrid y México. Autor de libros de ensayos, biografías, historia intelectual y contemporánea, es uno de los escritores más prolíficos y reconocidos de Bolivia.

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