El joven Wallander

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Estos días se cumple el quinto aniversario de la muerte de Henning Mankell, quien fuera el escritor sueco más conocido en el mundo. Mankell ejerció un suave magisterio político y fue un volcán de creatividad literaria. Una forma de recordarlo es ver la serie que acaba de estrenar Netflix, “El joven Wallander”.

Kurt Wallander fue el personaje más famoso de Mankell. O, podríamos decir en realidad, fue Wallander quien hizo famoso a su autor fuera de Suecia, donde también es reconocido por la larga lista de obras teatrales que escribió.

Con su inspector Wallander, Mankell inició el boom de la literatura escandinava de crímenes, uno de los fenómenos editoriales de este siglo. Como es normal en este género, los libros y los personajes de Mankell, igual que los de otros escritores de los hielos, han pasado con facilidad a la televisión y el cine. “El joven Wallander” solo es la última de las adaptaciones que se han hecho del personaje, varias de ellas debidas a la misma productora sueca, Yellow Bird.

El carácter distintivo de esta obra proviene de que retrata al detective durante sus comienzos en la policía, cuando trabajaba como asistente de investigación en la ciudad de Malmö y no como subjefe de la comisaría del pueblo de Ystad, que es como nos lo presentan las novelas.

El joven Wallender (interpretado por el novel Adam Pålsson) acaba de conocer a Mona. Esta es la esposa de la que Wallender se separa en la primera novela de Mankell sobre el personaje: “Asesinos sin rostro” (1991). Su relación con ella y con otras mujeres es un importante eje narrativo, como también ocurre en las novelas. Mankell tuvo una vida bastante movida en materia amorosa: cuatro esposas y cuatro hijos. (Una de ellas fue Eva Bergman, hija del mítico director Igmar Berman, de quien escribió un documental para la televisión).

En la serie, que hasta ahora solo lleva seis capítulos, Wallander vive en un pequeño departamento en un barrio multirracial pobre, gracias a lo cual se involucra en la investigación de un caso muy importante que, como siempre en el universo de Mankell, está relacionado con varios problemas sociales contemporáneos: la marginalidad, el racismo y la xenofobia contra los inmigrantes, las actividades de la extrema derecha, el terrorismo, etc. El Wallander de la serie todavía no ama la ópera, pero ya es el hombre correcto y el empecinado ejecutor de la ley que, sin aspavientos progresistas, termina siempre ayudando a los desvalidos.

Aquí corresponde recordar que Mankell fue un filántropo y activista que aprovechó su fama y gastó su dinero para impulsar varias causas sociales. Vivió la mitad del tiempo en África e impulsó el teatro en Mozambique. Regaló mucho dinero a una ONG que se ocupa de los huérfanos en este país. Participó en la flotilla de barcos que llevó ayuda humanitaria a los habitantes de la Franja Gaza, desafiando el embargo israelí. Denunció los abusos contra los palestinos. Financió un periódico noruego de izquierdas. En fin, que correspondió con el estereotipo que teníamos en los años 80 de los suecos gracias al primer ministro Olof Palme; un estereotipo que comenzó a difuminarse con el asesinato de este en una céntrica calle de Estocolmo en febrero de 1986.

La literatura de Mankell es un medio para conocer un poco de la idiosincrasia sueca, sin duda, aunque por supuesto no basta haber leído a este escritor para ponerse a opinar sobre las características de esta sociedad.

“El joven Wallander”, entonces, tiene elementos sociales, citas literarias y una narración eficaz, que no hace grandes aportes pero elude los excesos violentistas y disolutos de muchos productos escandinavos del género negro. Tampoco da muchas vueltas ni inventa “ganchos” poco relacionados con la historia para inducir al espectador a ver el siguiente capítulo, que es la manía que más odio de algunas series.

Este título de Netflix le gustará más a los que ya conocen el universo ficcional de Mankell, pero también puede ser interesante para los que quieren adentrarse en él por primera vez. Ahora, con las bibliotecas digitales, conseguir libros tan conocidos como los del autor sueco no es difícil. Lo difícil sigue siendo, como siempre, reunir la voluntad para leerlos, pero aquellos que lo hagan, puedo asegurárselo, tendrán consoladoras y secretas recompensas.

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Fernando Molina
Fernando Molina. Periodista y escritor boliviano. En 2012, ganó el premio Rey de España de periodismo iberoamericano. Es colaborador de varias publicaciones bolivianas e internacionales, entre ellas El País de España. Fue director de los semanarios Nueva Economía y Pulso, y subdirector del diario La Prensa. Ha publicado numerosos artículos en medios escritos y digitales de su país y de Santiago de Chile, Madrid y México. Autor de libros de ensayos, biografías, historia intelectual y contemporánea, es uno de los escritores más prolíficos y reconocidos de Bolivia.
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2 Comentarios

  1. Dear friend Fernando:
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    Oh, how much I admire you, Fernando: how can you know so much about Scandinavian fiction if you spend your time making up fake news and propaganda for the party of the mother of your New Born? I wonder.
    Congratulations on the fraud! It worked fabulously in Bolivia! Lte’s make it happen in the US.
    Long live Putin, long live Trump, long ive Bolsonaro, long live Evo!!
    Say hello to your wife and kids. And bring them to the US, they will be happy here, not in that poor underdevelopped shithole.
    Affectuously,

    Richard Fiddler

  2. Molina, es usted un verdadero hijo de puta. ¿Cómo mierdas nos quiere enviar a elecciones en pleno pico de la pandemia? ¿O usted no cree en la ciencia? Quizás usted no crea mucho en la ciencia y sea como yo, un dogmático religioso. Yo de Jesús, usted de Evo (o de la vagina de su mujer, que es lo mismo).
    Deje de promover internacionalmente la idea de que no hubo fraude, si no, me veré en la obligación de mandar una carta abierta y pública acusando a su mujer de escribir la mitad de los artículos que salen con su nombre. No sea cobarde, Molina. Diga abiertamente lo que usted cree: ¿hubo o no hubo fraude cometido por el MAS? Deje de ser pollerudo, mandarina. Piense en los billetes que lo han mantenido en los últimos años.
    Si quiere formar parte de mi partido, bienvenido. Estamos con Chávez aquí y él me dice que usted y su marida son verdaderos radicales, capaces de matar a otros (como el mismo Waltico) en función de defender sus convicciones y mentiras ideológicas. Necesitamos gente así. ¡Evo de nuevo y nunca hubo fraude!

    Luis Fernando «su tocayo» Camacho

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