Para el desarrollo de este “Batman” el director Matt Reeves, ha elegido como marco narrativo el cine “negro” o “noir” como también suele denominarse. Se trata de una propuesta cercana al emergente del policial, que a partir de los treinta – cuarenta del anterior siglo, rompió con la dicotomía clásica del “bueno-malo” de la cinematográfica norteamericana. El protagonista generalmente era un “detective privado” (para – policía alejado de la institucionalidad formal) que a partir de determinado detonante (muchas veces una mujer hermosa de identidad falsa que aparecía repentinamente en su oficina) iba descubriendo un entramado de sucesos, que revelaban la corrupción y las falsas apariencias de la sociedad contemporánea.

El cine “negro” fue un canal para expresar el desencanto con la imagen clásica del “sueño norteamericano”. El protagonista solitario, marginal, era un antihéroe de moral por lo menos dudosa, que se movía en espacios urbanos de sombras largas y claroscuros, desarrollando una estética que logró rescatar lo mejor del expresionismo clásico alemán. El encanto de las cintas del cine negro, generalmente se compone de dos elementos: una cadena de intrigas bien hilada (el caso de El halcón maltes dirigida por John Houston en 1941) y una construcción estilística atractiva (de la que El sueño eterno de Howard Hawks de 1946, constituye un excelente ejemplo). Si usted, amable lector, disfruta verdaderamente del buen cine, y no ha visto estos títulos, le aconsejamos hacerlo en forma urgente, ya sea a través alguna de las plataformas existentes o a de las tiendas de películas que se encuentran en diversos puntos del país.

La propuesta narrativa del “cine negro” ha trascendido épocas y géneros; un ejemplo de su remozamiento fue la excepcional Chinatown (1974) de Roman Polansky, y otro, de su entroncamiento con la ciencia ficción, la bellísima Blade Runner (1982) de Ridley Scott.

La apuesta de Reeves por llevar a “Batman” al mundo del cine negro, es estilística pero también entraña un aspecto económico. The Batman con su presupuesto de “solo” cien millones de dólares es una película de superhéroes “modesta”, si lo comparamos con ejemplos como la reciente El hombre araña, sin regreso a casa (2021), de doscientos millones o Batman vs. Superman (2016) de doscientos cincuenta millones.

Desde los noventa “Batman”, ha resultado ser un personaje atractivo para las grandes audiencias, merced a su ambigüedad moral (contrapuesta a la del héroe de rasgos clásicos tipo Superman). El gran acierto de la propuesta de los “Batmans” de Tim Burton (1989, 1992) fue la de convertirlo en un psicópata, similar en sus rasgos al propio “Joker”, con la única diferencia de que uno trabajaba para la “ley” y el otro para romperla. El relanzamiento realizado por Christoper Nolan (2005, 2008, 2012) tuvo el mérito de mostrarnos a un personaje torturado enfrentando una realidad política compleja; en la segunda parte de la trilogía, Batman se enfrentaba a un Joker anarquista, no interesado ni en el dinero, ni en el poder, sino en quebrar el orden social, y en la tercera el héroe se encontraba en medio de un auténtico levantamiento popular. Por el contrario, el relativo fracaso del Batman encarado por Zack Snyder (Batman vs. Superman de 2016, La Liga de la Justicia de 2017), se debe a nuestro juicio, por lo menos en parte, a haber “edulcorado” al personaje.

A diferencia de otros superhéroes, Batman, no tiene superpoderes, pero esa falencia generalmente se resuelve mediante el uso de la tecnología, gracias a la cual “casi vuela”, “casi es indestructible”, etc. En el Batman de Reeves, el personaje es mucho más cercano a la normalidad; hay un momento en la cinta en que se lanza tratando de “volar” desde un edificio, sin embargo, la experiencia es traumática. Solo su traje resistente a las balas muestra una diferencia significativa respecto a los otros personajes. Se trata entonces más de un “detective- justiciero-parapolicia- paramilitar” que de un superhéroe propiamente dicho. En esa medida sus contendientes tampoco tienen rasgos excepcionales; el principal, el acertijo, es otro justiciero disfrazado y el pingüino (tremendamente estilizado en otras propuestas), en este caso es un gánster de aspecto excéntrico.

¿Es atractiva The Batman?  Si, básicamente porque cumple con los dos principales supuestos del “cine negro”: tiene un planteamiento estético coherente y muy bien desarrollado, y una historia de intrigas que mantiene el interés por lo menos en las primeras 4/5 partes de la película. Pero también tiene fuertes limitaciones. Una de ellas es la composición monocorde del personaje principal encarnado por Robert Pattinson. En los años setenta se criticaba el vaquero anónimo de las películas de Sergio Leone encarnado por Clint Eastwood, diciendo que solo tenía tres gestos; el de la sonrisa, el del enfrentamiento (el duelo) y el de la calma; en el caso de este Batman, solo tiene uno a lo largo de las tres horas de metraje; el del rostro triste y compungido que aplica en cualquier circunstancia, sea de romance, tensión, pelea, etc. Sin embargo, hay que decir que en contraposición Reeves, construye una magnifica Gatubela, fuerte, viva, interesante, sin duda la mejor de las que se han presentado en el séptimo arte.

El otro gran problema de The Batman se encuentra en el desenlace, en el que el director parece dudar de su propio planteamiento y termina traicionándose a sí mismo. Si has construido una historia minimalista, centrada en la intriga y las relaciones entre personajes, no puedes pretender tener un final apoteósico, grandilocuente, con movimientos de masas y gimoteos al por mayor. En el cine negro los personajes se retiran algo decepcionados en forma triste, discreta o casi huyendo al avizorar mayores problemas. Por ello es que los últimos treinta minutos de la cinta no solo son inconexos con el desarrollo del grueso de la historia, sino además repetitivos y cursis.

En todo caso The Batman es una muestra acerca de cómo los mismos relatos pueden ir reinventándose, como emergencia del gusto de la gente y las necesidades económicas las grandes productoras. Se trata de un terreno en el que nos guste o no, todavía tendremos mucho que ver.

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Rodrigo Ayala Bluske

Rodrigo Ayala Bluske es cineasta y ensayista. De 1985 a la fecha ha colaborado en diversos medios de prensa como crítico de cine y columnista. Ha realizado más de una treintena de trabajos entre cortometrajes, seriales de televisión y largometrajes. Entre los principales se encuentran “Fuego Cruzado” (1995) serie de televisión y los largometrajes “Día de Boda” (2008), “Historias de Vino, Singani y Alcoba” (2009), “La Huerta” (2012) y “Tarija, Valle Central” (2012). Ha publicado ensayos e investigaciones sobre gobernabilidad, política y recursos naturales, entre los que se encuentran “Personajes Increíbles vistos por un Clasemediero en Crisis” (2005), “La Construcción del Nuevo Paisaje Político Tarijeño” (2011) en “Cuadernos de Futuro” (PNUD) y “Tarija: Escenario de las tres Batallas” (2012). Actualmente es director de Protección del Medio Ambiente Tarija.

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