Rodrigo Ayala

EL ASCENSO DE SKYWALKER

EL ASCENSO DE SKYWALKER

Una primera descripción que podría hacerse de El Ascenso de Skywalker, es que se asemeja a una canción compuesta solo por estribillos, sin querer ser peyorativos, una suerte de versión moderada de las películas de Michael Bay; poco cuerpo, mucho punto culminante.

Se sabe que en este mundo capitalista, hacer cine necesariamente implica una tensión entre la propuesta creativa y la expectativa del mercado (todas las películas sean estas “artísticas”, políticas, de denuncia, etc., tienen su propio mercado y por tanto sufren este mismo proceso). Sin embargo, a partir del surgimiento de las redes sociales se ha dado un cambio: “el mercado”, en este caso los espectadores, han adquirido voz propia.

Si antes las empresas cinematográficas tenían que hacer estudios respecto a las tendencias del público; hoy  deben interactuar con legiones de “fans” organizados, (en países como Bolivia, donde el mercado es precario, esas legiones son sustituidas por grupos de opinión con características propias).  Lamentablemente en la mayor parte de los casos esos grupos de fans, hacen realidad la frase de Humberto Eco: «Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas …… y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel”.  En este caso, parece estar claro que las decisiones creativas de la cinta han estado no solo sujetas a los vaivenes de la opinión de los aficionados, sino del temor a las campañas negativas que estos podrían ocasionar en las redes sociales, en el  caso de encontrarse con un producto que consideraran fallido.

Del primer al último Star Wars

Existe la idea de que el descomunal éxito de la primera “Star Wars” se debió a un uso adecuado de la tecnología, pero esta opinión solo es parcialmente cierta. El episodio IV, Una Nueva Esperanza (1977), recuperó a la ciencia ficción para el cine de aventuras y copo un espacio que otros géneros, especialmente el western habían dejado vacío. En esos años, las expresiones más exitosas del género; la serie de televisión Star Trek (1966 – 1971), o la serie de películas de El Planeta de los Simios (1968-1973), centraban sus argumentos en  reflexiones de filosofía o política primaria (el rol del hombre en el universo, las consecuencias de la guerra nuclear). Star Wars significó un retorno al esquema clásico del cine hollywodense, con villanos y héroes bien definidos, donde el viaje iniciático del héroe se convertía en el eje central y lentamente era reforzado por el melodrama familiar. De ahí que la serie en su conjunto, con muchas más altas que bajas, tuviera una enorme frescura, en una época donde el cine  reflexivo, con aires de denuncia e intenciones autorales,  se encontraba en una etapa de franco agotamiento.

La segunda trilogía de Star Wars (1999-2005), a pesar de su enorme éxito de  taquilla, naufragó. Entre las causas se pueden anotar dos a nuestro juicio centrales: el intento fallido de renovar (copiar sin que se note), algunas de las claves del éxito de la primeras parte (personajes cuestionados como el discutido Jar Jar Binks) y la pretensión de “enseriar” la trama, llevándola hacia la tragedia.  En todo caso quedó claro que no hay film de aventuras clásico que pueda ser exitoso con un protagonista conflictuado y desagradable;  ese fue el caso de Anakin Skywalker en dichas cintas.

El mayor mérito de la tercera parte de la saga (2015-2019), llevada adelante por el productor JJ Abrahams, ha sido el de recuperar la “ligereza” de la historia además de proporcionar personajes frescos para la historia (Finn, Poe). Sin embargo en su última parte una vez más se nota el excesivo peso de tener que responder a las presiones de la “audiencia”, a la vez que se intenta estructurar una historia que valga por sí misma.

El Ascenso de Skywalker

Llama la atención que si bien en el conjunto argumental de la tercera trilogía, ya se había reproducido la contradicción central de la primera (villano absoluto enfrenta a héroe absoluto, con la mediación de un villano dubitativo), nuevamente el director JJ. Abrahams se vea obligado a reproducirla de manera específica en el guion de esta nueva cinta, lo cual lamentablemente lleva a la repetición argumental. Veamos; en la primera serie de películas Luke  se enfrentaba a El Emperador (Palpatine) y el conflicto finalmente era resuelto por la acción de Darth Vader. En las dos anteriores cintas de la tercera trilogía; El Despertar de la Fuerza (2015) y Los Últimos Jedi (2017), la contradicción se daba entre Rey y Snoke, con la mediación de Kylo Ren. De manera anticipada (e interesante), en Los Últimos Jedi, este último ponía fin al conflicto acabando con Snokye. Sin embargo, en esta nueva película Abrahams, sin ningún antecedente previo,  estructura el mismo conflicto y para ello fuerza una resurrección sacada de los pelos, de Palpatine y tal como ocurrió en las anteriores ocasiones es el tercero, Kilo Ren,  el que tiene la clave de la resolución.  No hay nada nuevo bajo el sol, pero en esta última entrega de la trilogía todo está excesivamente “reciclado”, especialmente el nudo de la trama argumental.

Con esta nueva película J.J. Abrahams, suma un nuevo descenso en su dilatada carrera. Un realizador que emergió de una propuesta tan interesante como la de la serie televisiva Lost (2004-2010) y que entre sus realizaciones cuenta con cintas destacadas como Super 8 (2011), se ha convertido en una suerte de “aggiornador” de viejas propuestas y si bien el caso de Star Trek  hizo realmente algunas innovaciones, convirtiendo suss argumentos pseudo filosóficos en tramas de conspiración, en el caso de la tercera trilogía de Star Wars, parece no haber estado a la altura de las presiones y límites.

A veces de a la impresión de que el realizador es consciente de las falencias descritas, y es por eso que fuerza el ritmo, tratando de reducir las pausas al mínimo; pero demasiados momentos culminantes dan lugar a una marcada debilidad en los tonos argumentales y en la construcción de los personajes.

La virtud de George Lucas, es la de haber podido crear un universo propio; con sus  códigos y convenciones. Esa es la razón por que Disney compró la franquicia; poder desarrollarlo comercialmente al máximo, pero por ahora parece que el intento ha llegado a un agotamiento. Quizás entonces el camino esté en la renovación total de personajes y en otros formatos como la televisión (por ahí se dice que The Mandalorian (2019), serie de televisión desarrollada para Disney Plus, dentro de este universo, es superior a la cinta que estamos comentando).

Rodrigo Ayala Bluske
Sobre el autor

Rodrigo Ayala Bluske

Rodrigo Ayala Bluske es cineasta y ensayista. De 1985 a la fecha ha colaborado en diversos medios de prensa como crítico de cine y columnista. Ha realizado más de una treintena de trabajos entre cortometrajes, seriales de televisión y largometrajes. Entre los principales se encuentran “Fuego Cruzado” (1995) serie de televisión y los largometrajes “Día de Boda” (2008), “Historias de Vino, Singani y Alcoba” (2009), “La Huerta” (2012) y “Tarija, Valle Central” (2012). Ha publicado ensayos e investigaciones sobre gobernabilidad, política y recursos naturales, entre los que se encuentran “Personajes Increíbles vistos por un Clasemediero en Crisis” (2005), “La Construcción del Nuevo Paisaje Político Tarijeño” (2011) en “Cuadernos de Futuro” (PNUD) y “Tarija: Escenario de las tres Batallas” (2012). Actualmente es director de Protección del Medio Ambiente Tarija.

1 Comment

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    Coincido en casi todo.
    Excepciones: the mandalorian no es bueno, pero Disney, muy habilmente supo explotar la imagen de un marcianito verde que apenas se mueve, pero que vende (y muy bien); y para los mas viejos, como yo, tiene un lejano recuerdo (guiños, seria mejor decir) a E.T. (entre otras cosas).
    Rogue One, a mi humilde juicio, es una muy buena excepcion, a este poco agraciado «renacer de la fuerza» de los ultimos tres episodios (de la peli de Han Solo, mejor ni opinar).

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