“Kingsman: el círculo dorado”

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“Kingsman: el círculo dorado”. La segunda entrega de la película que sorprendió en 2014 con un conjunto de personajes y situaciones al mismo tiempo estereotípicos y absurdos, y definitivamente divertidos, ha tenido un gran éxito de taquilla. La razón es sencilla: también es muy divertida.

En cambio, la película ha generado una polarización “a la boliviana” en el mundo de la crítica: mientras a algunos críticos les ha parecido una digna continuación de una franquicia que por muchos motivos resulta notable, para otros ha sido una “decepción”, un yerro del mismo equipo productor que había sido responsable de la primera parte.

Yo me enrolo en la primera facción (la película me gustó), aunque puedo comprender a la segunda, la de quienes se sintieron decepcionados, porque el guion de “Kingsman 2” da un giro muy osado que, en más de una ocasión, me hizo levantar las cejas y preguntarme si me dejaría seguir llevando por la historia o si la declararía muerta (diagnóstico: sobredosis). La forma vertiginosa pero al mismo tiempo “lógica” en que se presenta este giro, sin embargo, me convenció finalmente de “dejarme engatusar” –lo que también le recomiendo hacer a los lectores-, con lo que la pasé muy bien. No hay nada mejor que ser engatusado por una comedia.

 

El humor inglés

Esta franquicia es inglesa y por tanto el humor lo es también. Normalmente esto significa un humor menos mojigato, con más alusiones sexuales, inmorales y escatológicas, con más muertos (incluso entre los buenos); un humor paradójico (lo que en muchos casos hace reír es el contraste entre la contención y la impasibilidad inglesa y lo extremado de las situaciones) y capaz de auto-burla. Pero sobre todo un humor más inteligente y culto. Dicho esto en general.

En la primera entrega de la serie, la agencia privada de espías “Kingsman”, fundada por los sastres de la nobleza británica, busca un nuevo agente. Cada uno de los agentes en activo, entre ellos el flemático, ágil y bondadoso Galahad, interpretado por Colin Firth (actor que constituye el acabose del “british style”),  presenta un candidato. El de Galahad es Eggsy, un muchacho salido desde abajo pero lleno de valor y lealtad, cuya candidatura boicotea  el jefe de la agencia, Arthur, interpretado por el muy simpático Taron Egerton.

Pero lo mejor es el villano, que para variar es un millonario estadounidense, loco de remate, cuyo objetivo consiste, claro, en eliminar a la humanidad, y de una manera ingeniosa: azuzando los instintos agresivos de las personas. En su campaña, este malvado enrola a casi toda la élite mundial, inclusive a la cúpula de Kingsman, a Obama, la realeza británica, los líderes europeos, etc. Todos ellos explotan (literalmente) al final.

Egerton logra componer a un personaje parecido al Tintin de Hergé, con el que no dudamos en identificarnos. Pero la película se sostiene sobre la actuación de Firth o, mejor, sobre el sorprendente contraste entre la apariencia tan educada del agente y sus eficientes y fantásticos contorsiones y golpes, contraste que es una de las claves del atractivo de la película.

 

El círculo dorado

Bueno, esto ya nos da una idea de qué clase de producto tenemos entre manos. En la segunda parte, Eggsy, Merlin (Mark Strong) y un revivido Galahad (este es el atrevido giro del que les hablaba), deben enfrentar a otra villana estadounidense (Julian Moore), que cuenta con el subrepticio apoyo del presidente de su país. Moore quiere la legalización universal de las drogas, para lo que chantajea a los buenos con un virus, cuyo antídoto los Kingsman tienen que obtener.

Para ello cuentan con el apoyo de otra agencia privada de espías, una estadounidense formada a imagen de la inglesa, solo que constituida por empresarios del licor. Así, mientras los agentes del Viejo Mundo toman los nombres de los caballeros de la Mesa Redonda, los agentes americanos se llaman “Tequila”, “Whisky”, etc.

Todo esto da lugar a una gran cantidad de chistes, como se comprenderá, algunos mejores que otros, pero en general buenos chistes escritos por el guionista y director de ambas películas, Matthew Vaughn, a quien también le debemos “X-Men primera generación”.  Vaughn narra con limpieza y es un muy buen retratista de peleas imposibles.

Hay momentos en el filme que resultan demasiado escabrosos, que quizá hieran ciertas sensibilidades, pero que son parte de este tipo de comedias. Porque, me olvidaba decirlo, el humor inglés se caracteriza también por esto: siempre es negro.

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Fernando Molina
Fernando Molina. Periodista y escritor boliviano. En 2012, ganó el premio Rey de España de periodismo iberoamericano. Es colaborador de varias publicaciones bolivianas e internacionales, entre ellas El País de España. Fue director de los semanarios Nueva Economía y Pulso, y subdirector del diario La Prensa. Ha publicado numerosos artículos en medios escritos y digitales de su país y de Santiago de Chile, Madrid y México. Autor de libros de ensayos, biografías, historia intelectual y contemporánea, es uno de los escritores más prolíficos y reconocidos de Bolivia.
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1 Comentario

  1. Creo que no vimos la misma peli. Lo que la villana quería era dinero para no eliminar a todo narcodependiente, pues todas las drogas estaban contaminadas con un virus. ¿En serio te gustó? Incluyendo la forzadisima participacion de Elthon Jhon? Diferimos mucho en cuanto a gustos cicinéfilos.

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