Mi amigo dragón

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Si usted piensa, por el título, que esta es una película sobre dragones, se equivoca. Es una película con dragón, pero sobre otra cuestión más ardiente: la amistad.

Esta forma del amor puede, como se sabe, traspasar fronteras. No nos extrañe que Disney se ocupe de las fronteras más alejadas, por ejemplo la que media entre la realidad y el reino mágico, antes que de las cotidianas, como las que separan a los niños blancos y negros o indígenas, a los ricos y pobres, etc. En fin, también puede decirse que sirve como metáfora de todas las amistades «raras» esta es que une a Pete, un niño muy rubio y adorable, y a Eliot, un dragón totalmente imposible y por tanto totalmente mágico.

La película funciona porque esta condición no interesa, ni tampoco interesa demasiado lo que el dragón puede hacer. Los que importan son los sentimientos entre el chico y la bestia, con los que todos podemos identificarnos, porque están allí, claro, para que podamos hacerlo. La película manipula bien los consabidos impulsos a proteger a los niños y a los cachorros (o a las bestias con cara de cachorros), a odiar a los hombres agresivos y bulliciosos, a dividir el mundo entre buenos que creen en los dragones y malos que quieren meterlos en zoológicos. Más allá de eso, aporta muy poco. Da la sensación de ser una «película clase B» y esa impresión no la despeja el elenco, que sobreactúa (¡incluso Robert Redford!).
Sin embargo, es un alivio ver un filme familiar que no apueste todo a los efectos especiales. Uno obtiene lo mismo que cuando ve series familiares en la tv: un rato de entretenimiento, un tiempo perdido con los que más queremos, que termina siendo, claro está, un tiempo ganado.

El peor error de la película está al final, cuando trata de presentar al dragón como un ser natural, olvidando que todo el tiempo anterior no lo había sido. Porque, si lo hubiera sido, entonces se habría zampado a Pete, si carnívoro, o habría tenido que dedicarse a comer hojas, si vegetariano, careciendo entonces de tiempo para salvar a niños huérfanos y ayudarles a construir casas.

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Fernando Molina
Fernando Molina. Periodista y escritor boliviano. En 2012, ganó el premio Rey de España de periodismo iberoamericano. Es colaborador de varias publicaciones bolivianas e internacionales, entre ellas El País de España. Fue director de los semanarios Nueva Economía y Pulso, y subdirector del diario La Prensa. Ha publicado numerosos artículos en medios escritos y digitales de su país y de Santiago de Chile, Madrid y México. Autor de libros de ensayos, biografías, historia intelectual y contemporánea, es uno de los escritores más prolíficos y reconocidos de Bolivia.
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